Rincones olvidados

By Pilar Perez Baz

Posted by Pilar | enero - 17 - 2013 | 16 Comments

mercromina

 

Subo al desván de mi memoria e intento desempolvar los viejos recuerdos que quedaron atrapados en algún lugar de la añoranza…algunos regresan de la nostalgia mostrando con orgullo los detalles que se habían perdido, otros sin embargo permanecen ocultos deseando no ser encontrados nunca, tienen suerte, pocas veces se buscan…Pero lo que realmente me emociona es reencontrarme  con aquellos maravillosos momentos que un día me acompañaron felices y que el paso del tiempo los arrojó sin piedad al rincón del olvido.

Y abandonada en ese rincón hoy me volví a encontrar con una herida abierta difícil de curar, el roce de la melancolía…

Probemos a curarla  con mercromina, aquel famoso antiséptico de color rojo que hizo brillar las heridas de casi todos los niños en décadas pasadas. Este remedio de uso tópico que las madres usaban como si del bálsamo de fierabrás se tratara, quedará grabado siempre en mi corazón, y es que las manchas de esta “pócima” son difíciles de quitar.

No recuerdo una sola tarde de verano en la que alguno de mis amigos de la pandilla o yo mi misma no nos hiciéramos alguna herida. Siempre actuábamos de las misma manera, todos en comitiva íbamos a casa del afectado, no sin antes mandar a alguien de avanzadilla para darle la noticia a la madre, así cuando llegábamos ya teníamos el “gabinete médico” montado, las vecinas hacían de  enfermeras y la madre con cara de pocos amigos, eso si, muy eficiente, se centraba en lavar la herida del niño y echarle mercromina. Todos amigos hablábamos a la vez y cada uno tenía una versión distinta de la caída, pero al final conseguíamos ponernos de acuerdo en el relato y todos juntos, incluido el herido, volvíamos a nuestro juego como si nada hubiera pasado.  Aunque si hago honor a la verdad, el rojo brillante siempre nos delataba y gritaba desde su color chillón que habíamos tenido un pequeño percance. La verdad es que no nos disgustaba que nos preguntasen,  a veces incluso mostrábamos con orgullo la “herida de guerra” para llamar la  atención de alguien para que éste mostrase interés por el alarmante aspecto que tenía,  siempre parecía más grave de lo que era. No, no nos disgustaba, en realidad nos encantaba que alguien nos preguntase por la herida, siempre y cuando no lo hiciera en pleno juego o nos molestase en medio de una competición invadiendo nuestro campo deportivo imaginario. Esto hubiera sido imperdonable.

Creo que después de tantos años el recuerdo de este remedio mágico ha conseguido curar un poquito mi melancolía…

Las tardes de verano de mi infancia regresan con el pedaleo de una bicicleta, se despiertan con el ruido de un balón o las llama el sonido de unas voces jugando en la calle,  de una manera u otra siempre se acercan a mis recuerdos, pero nunca vienen solas,  siempre vienen acompañadas de algún detalle como el botecito de mercromina.

La caza recuerdos.

@PilarPerezBaz

 

16 Responses so far.

  1. Juan Urrios dice:

    Efectivamente íbamos como indios apaches con las pintadas de mercromina que nos curaba a todos y tenía su glamour. El Armil se la llevó por delante y se echa en las heridas hasta con un porrón de buen vino que irriga magníficamente la zona afectada. Hoy como todo es malo, no conveniente o políticamente incorrecto, la han prohibido por su contenido en mercurio como los buenos termómetros de antes, que cosas valgame Dios…!, (confieso calladamente no me vayan a denunciar por envenenar a alguno de mis hijos que de Marruecos me he traído media docena antes de que los vayan a prohibir, de los electrónicos no me fío), deberíamos estar quizás todos muertos de tanta mercromina o de jugar a hacer bolitas con el mercurio derramado de los termómetros rotos, no sería tan malo o no tendría tanto mercurio digo yo…, y las famosas pilitas de los termómetros acaso no lo tienen también y mucho mas contaminante por no reciclarse debidamente la inmensa mayoría ?, enfin como decía mi pobre abuelo: moriremos de corná de burro pero el mismo día, nadie se muere la víspera salvo el pavo de navidad…, Crónicas a parte me parece una magnifica idea que desentierres éstos recuerdos haciendolo de esta forma tan divertida y tan ingeniosa. Te seguiré ya que me encantan. Felicidades por tu nuevo blog y un gran abrazo

    • admin dice:

      Qué buen rato he pasado leyendo tu comentario Juan!!!! Yo también jugué con las bolitas de mercurio de un termómetro roto y lo único que me pasó es que el anillo quedó de otro color jaja Gracias por tu maravilloso comentario. Un besazo!!!

  2. Joaquín Gómez dice:

    Cada vez que te leo esbozo una sonrisa y hoy este relato me ha traido recuerdos de tirachinas, “batallas” en el patio de casa y heridas de guerra mostradas con orgullo al “conquistar” los patios colindantes de los compañeros de pandilla del barrio. Excelente el post por su forma, por su expresión y por su calidez. Felicidades por el blog, cuentas con un lector incondicional, publiques donde publiques. :)

  3. admin dice:

    Si Joaquín!!! Qué Maravillosos días y que maravillosos recuerdos…intentaré plasmarlos en este nuevo espacio. Gracias por tu visita y tus gratificantes comentarios!!! Un besazo!!!

  4. Reyes Ramón dice:

    Yo también soy de la generación de la mercromina roja !! Que luego dacaron la transparente, y eso ya no era mercromina para mí. ¿De que servía echarte mercromina en una herida, por pequeñita que fuese, y que no se viera? ¿Y sin poder lucir tan flamante herida de guerra? :-)
    La verdad es que echo en falta esas rodillas y codos con manchas rojas, en los patios de los colegios…
    Si, yo también sobreviví a la mercromina roja, y fuí una gran usuaria , soy sagitaria y la aventura siempre iba a mi lado, con sus percances incluidos, pero nada que no curara una buena dosis del mágico líquido rojo, que además yo lucía con orgullo :)

    Gracias Pilar, por trasladarnos a nuestros pequeños grandes recuerdos, aunque sea por unos minutos, pero deliciosos.

    • admin dice:

      Acaba de llegarme una deliciosa brisa Fresca!!!! Mi amiga Reyes!!! ¡Simpatiquísima respuesta Reyes! ¡Me encanta! Gracias por compartir!!! Un besazo!!!!

  5. En mis recuerdo, cuando la mercromina inundaba mí cuerpo, (sobre todo los codos y las rodillas), sé mezclan también sabores como los ponches de Quina Santa Catalina con una tema de huevo…Para que comas!, para el c atarro, para…Ése también era un remedio universal con el que salías a jugar a los indios y los americanos con unos coloretes y una alegría envidiables…No había quién nos parase.

  6. Un relato encantador que nos ha transportado a todos a la infancia montados en una palabra que estaba arrinconada en nuestras mentes y en nuestros corazones. Pobres niños los de ahora que no pueden ponerse mercromina en las heridas, que sólo viendo su color ya se nos curaban.
    Seguiré atenta tus publicaciones, Pilar. Y explorando tus ” rincones olvidados”.

    • admin dice:

      Gracias Ofelia, que encantador comentario :-) Y no veas que alegría me ha dado verte por aquí!!! Un besazo!!!

  7. Nicolas Ockier dice:

    Si, cómo olvidar ese tinte rojo en nuestras rodillas y codos!!! Pero lo que son las cosas, por mis latitudes (y longitudes) la conocemos como “Merthiolate”, pero con el mismo recuerdo de esas tardes y fines de semana.

    Eso si, cuando la herida era una SEÑORA herida, había que subir un escalón y pasarnos a la Povidona. Eso ya era que habías ido a la guerra o algo parecido!!!

    Muchas gracias Pilar por llevarme a pasear por mi chacra, mi primera bicicleta, mis escaladas en la cordillera, ufff, tengo un largo etc. Bss!!

    • admin dice:

      ¡Me encanta que hayas compartido tus entrañables recuerdos con nosotros Nicolas!!! Y estoy feliz de que me hayas visitado también en este espacio :-) Esta es tu casa!!! Un besazo!!!!

  8. Montse Jeme dice:

    Acabo de caer por aquí y ha sido un verdadero placer descubrir que estos rincones olvidados son rincones para recordar siempre. He empezado a leer el anterior con las tardes lluviosas y los juegos que tantas tardes rotas nos llenaron. Y he tenido que seguir leyendo y, para mi sorpresa, encontrarme con algo familiar,algo querido algo en algún rincón ¿olvidado?…La mercromina…aquel rotulador con el que pintábamos lo que pillábamos, sobre todo a nosotros, los dedos que se teñían de aquel color que tomaba unos tintes azulados ¿os acordáis?
    Qué bueno, me encanta Pilar. Te seguiré en estos rincones que nos devuelven esos tiempos que siguen siempre con nosotros y que, a poco que nos paremos, vuelven con todos los recuerdos que nos unen a nosotros y a tanta gente que está al lado y que, a poco que nos fijemos, aún tiene restos de mercromina.
    Gracias Pilar. Buenas, buenas tardes.

    • admin dice:

      ¡Montse! ¡Qué agradable ha sido leerte! Me gusta que hayas visitado este blog y todavía me gusta más que encontraras en un rincón de tu memoria un tesorito olvidado…¡Eso es genial! Y más genial aún que lo hayas compartido :-) Graciassssssssss
      Un besazo.

  9. José Mª dice:

    Pilar, muy bueno lo que escribes, con mucho sentimiento y verdad. Soy uno mas de tus seguidores, que tienes muchos, sigue en esta linea
    Un saludo

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